julio 08, 2004

Esta semana me han ocurrido cosas malas y cosas buenas. Para empezar este lunes yo, graciosa criatura, me caí estrepitosamente del bus, en la esquina de mi casa. Antes de que se desate la risa, fue porque otro bus lo chocó por detrás justo cuando yo ponían un pie en el estribo. La puerta automática se me vino encima, me dio en la sien y me mandó al suelo (lleno de lodo, cortesía de la llovizna de esa mañana) con mis paquetes.

De más está decir que los buenos samaritanos ese día estaban al otro lado del mundo, porque tuve que pararme sola, agarrar mis cosas por si alguien se compadecía de ellas, y caminar de vuelta a la casa, a lavarme las manos y cambiarme de ropa. Solo cuando estuve en el baño me dí cuenta que la mano izquierda se me estaba hinchando como un globo, y que tenía una herida de lado a lado en el dorso. Mi mamá fue a comprarme un desinflamatorio y aprovechó para amenazar a los choferes y tomarles las placas. Luego se vino y me dio un segundo desayuno. ¿He dicho cuánto la quiero?

Como no me dolía nada más, me fui a trabajar. Revisé el correo interno y me encontré con que ese día me tocaba la vacuna contra la hepatitis... en el brazo izquierdo. En el dispensario me pincharon, me dieron un par de pastillas más y me mandaron a mi puesto.

Escribí con la derecha y oculté la izquierda. No estoy muy segura de por qué, pero no quería que nadie se diera cuenta. A la salida, caminé hasta la parada del bus, dispuesta a no dejarme amedrentar. Pero de repente pensé ¿Y qué tal si es el mismo bus? Enseguida llamé un taxi. Y ese fue el fin de mi seudotrauma, porque al día siguiente me llevo mi papá, y luego ya he tomado los buses normalmente, aunque no puedo evitar fruncirle a los conductores. Me imagino que eso también lo he de superar.

Cosas buenas, cosas buenas... Aprendí una palabra nueva: presciencia, o sea la capacidad de Dios para saberlo todo al derecho y al revés. Las ventajas de ser infinito. Digo, no se aprenden palabras nuevas todos los días; o al menos ese es mi caso.

Luego, tuve un conflictillo con gente del seminario. Pero vamos por partes. No es que me moleste trabajar, creo que eso le queda claro a cualquiera que me haya conocido un poco. A diferencia de los líderes natos, como Reivaj, a mí no me importa en lo más mínimo recibir órdenes, siempre y cuando el que las da se tome la molestia de trabajar al igual que los subordinados. No digo que haga lo mismo (todos tenemos competencias), si no que se esfuerce en lo que le corresponde.

Dicho esto, puedo explicar lo que pasa. Tenemos un líder autoarrogado que nos coordina de palabra, pero hasta ahora no le he escuchado decir algo concreto, si no criticar a los demás, y tampoco le he visto trabajar (no va a exponer, no ha entregado su parte de la investigación, no sé qué hará el día que nos toque presentar). Y lo peor es ver cómo la gente se lo queda escuchando, y lo recontrapeor es la condescendencia con que se permite mirarme cada vez que le recuerdo que se espera de nosotros una muestra corpórea de que hemos preparado el tema.

Aquí debo acusarme. Como tenía miedo de la redacción final del trabajo, yo asumí esa parte. Y empecé a recibir (arrítmicamente) las contribuciones de los otros. Y comencé a corregir, editar y, en algunos casos, reescribir completamente sus ensayos/transcripcionesdepasajes enterosdeltextooriginal. En eso hay arrogancia. Porque sí, porque lo que prima en mí en ese momento es 'no voy a permitir que mi nombre vaya en una investigación mal escrita y mal hecha'.

Para pagar mi exceso de ego, estoy trabajando duro. Y no me quejo. Bueno, un poquito, cuando estoy muy cansada. Pero no voy a declararme vencida (pese a que se me pudrió el cd cuando llevaba Éxodo y Levítico terminados). Solo que a veces desearía ser estudiante a tiempo completo otra vez. ¡Qué otro sería el cantar entonces! Y no sé, a veces extraño tener gente normal a mi alrededor con la cual reírme y estudiar en serio. Pero a más de Reivaj no puedo conversar con nadie allí (más arrogancia a mi cuenta).

Mi hermanito dice que hay en el curso tres o cuatro chicas que considera bastante listas. Le creo pero, por alguna extraña razón, no parezco agradarle a ninguna (¡yo, señorita simpatía!) y en cambio dos se llevan muy bien con él. ¿Será porque siempre andamos los dos juntos y él es veinteañero y ellas son veinteañeras y yo una estorbosa hermana mayor? No lo creo. >>Insertar carita de inocencia<<


Así que hagamos cuentas. Podría estar estampada en el pavimento. Podría no tener capacidad ni tiempo para hacer mis deberes y los de las otras catorce personas del grupo. Miento, hay un par que lo hicieron bien. Podría no tener a Reivaj para intercambiar aunque sea miradas de exasperación, o discutir (¡oh dicha!) con argumentos válidos.

Podría no tener la esperanza de los siete u ocho libros por leer que hay en mi cuarto.

Podría no tener mi mano amoratada, que sin embargo teclea muy bien y me recuerda que estoy viva. Que por encima de todas las cosas, soy feliz. Y que al igual que el resto de la investigación, la portada está a mi cargo, y yo escribo los nombres de los del grupo con su respectiva participación.

Me siento un gato de Cheshire.

Thesaurus

Idealismo: Asunto que requiere tiempo y energía. Yo no tengo.

Al momento

  • Fragile Things, N. Gaiman