mayo 26, 2005

Amistad a la fuerza

Yo a mis amigos les permito casi cualquier cosa. Pueden ponerme apodos, revisar mi bolso de arriba a abajo, pueden preguntarme lo que les dé la gana, pueden leer mis papeles, hacerme cosquillas, darme cocachos, sondear mi teléfono, y decirme todo lo que piensan aunque no me vaya a gustar. Pueden mandarse a cambiar al otro lado del mundo y después llamar a contar toda su nostalgia (¿no es cierto, Al?).

Pero a mis amigos. A gente que ha llegado hasta ahí después de habernos demostrado que somos capaces de respeto mutuo. Entonces no entiendo por qué, a pesar de todas mis indirectas, esta persona con la que apenas me estoy conociendo intenta leer los mails que trato de escribir o que acaban de llegar, averiguar mi vida personal, leer correspondencia que llega a mi escritorio, dictaminar a qué hora debo salir a comer o irme a mi casa, juzgar el tono en que hablo, si me peino o no me peino... sin pedirme permiso siquiera.

No entiendo. Si quisiera mi amistad, yo no tendría ningún inconveniente. He tratado, de verdad. Pero ni me da tiempo de empezar a ganar confianza, simplemente me acusa de preferir a mis amigos que conozco de mis años de colegio (¿o sea, qué espera?), de no tenerle confianza (¡líbrame!)... Creo que se le olvidaron unas cuantas clases básicas en eso de hacer amistades. Y no digo que yo sea experta, no.

Uf, por hoy como que captó la idea y se fue.
(Vuelvo a mi caverna, digo, a casita).

Thesaurus

Idealismo: Asunto que requiere tiempo y energía. Yo no tengo.

Al momento

  • Fragile Things, N. Gaiman