febrero 18, 2005

Poesía desfasada

Hace alguuuunos años, cuando era yo estudiante de secundaria, nos aproximaban a la poesía con Góngora, Gustavo Adolfo Bécquer y Dolores Veintimilla de Galindo. Me pregunto por qué a nadie se le ocurrió darnos a leer a Walt Whitman o a Mario Benedetti.

Había un poema de la Veintimilla llamado Quejas. Nos lo hicieron aprender de memoria. Para mí escribir es ocasión de protestar, de dejar bien claro lo que me gusta y lo que no, y por qué razones. Pero no alcanzaba en ese momento, ni alcanzo ahora, a entender esas quejas no encaminadas a encontrar una solución o a apartarse de la causa del dolor de cabeza.

Hasta hoy, la poesía es mi gran laguna. Leo muy poca, y cuando me la recomiendan y/o regalan. Me pregunto qué están leyendo en poesía los colegiales de hoy. Si habrá cambiado el programa (quiéralo el cielo), y si alguien se estará enganchando con los versos. Porque a mí hasta hoy me alcanza el fantasma de las oscuras golondrinas: la poesía aún me suena a tema romántico/religioso, y no me explico cómo nadie en el magisterio se habrá dado cuenta de que la cosa iba mucho más allá.




El mundo era mío
en él yo reinaba

Era mío todo
Cuando me acercaba:

Del aire las aves,
Los peces del agua.

El mundo era mío,
En él yo reinaba:

Por mí las abejas,
Alegres zumbaban,

Y las golondrinas,
Movían sus alas.

R. L. Stevenson

Thesaurus

Idealismo: Asunto que requiere tiempo y energía. Yo no tengo.

Al momento

  • Fragile Things, N. Gaiman