enero 31, 2006

Hasta la muerte de su titular

Anoche otra vez me tocó mojarme (y a la Fufura también, poberela como dice ella). Rumiando mi fastidio por la cajera que insiste en que no sabe cómo me atrevo a salir a la calle con la cédula que me dieron cuando todavía era menor de edad. ¿Y a ella qué? Sus compañeritos con los que tramité la cuenta me atendieron felices de la vida y nunca objetaron nada. De yapa va aquí mi indignación contra toda la gente que cree que, si eres menor de edad, eres humano de segunda clase, y no es necesario tomarse la molestia de incluir el respeto en la conversación. Lo que siguió fue algo así como:

Dael: Sí, pero mire la fecha.
Ella: Huuuy, pero si es del 80, entonces no eres menor de edad.
Dael: ¿Y eso tiene algo que ver...? (tratando de calcular cómo le dejaron terminar el bachillerato la ilustre señorita que la atiende)
Ella: Pero no la has renovado.
Dael: (Espada del augurio... quiero ver más allá de lo evidente.) Ahí dice que es hasta que me muera. ¿Me la devuelve? *sonrisa angelical* Qué amable, muchas gracias.


La Veinticinco de Julio es una avenida hostil, con o sin lluvia, y la evitaré en lo sucesivo. Tuve que refugiarme en un almacén, a llamar a mi casa donde no había nadie, y esperar a que alguien apareciera para suplicar que me vinieran a ver. Naranjas. A coger taxi, lo que tampoco fue tan fácil. Sospecho que para ciertos conductores es divertidísimo pasar a toda prisa sobre los charcos para salpicar a sus congéneres de a pie. Llego hecha sopa, y estoy evadiéndome con Los Simpson, cuando Claudieko empieza a rastrearme. En cuestión de minutos el carro/disco de James está ahí. Rayos, tuve que devolver el libro, ya cuando tenía esperanzas de que pasara a formar parte de mi colección.

Me despierto hoy, más lluvia. Me gusta que llueva, me encanta que llueva, siempre y cuando yo no tenga que ir a trabajar. Pero como ese no era el caso, tuve que apurarme para que mi papá nos pasara a dejar a mis hermanos y a mí, otra plantonera bajo la lluvia, no gracias. Ahí se reveló el instinto de capataz de Reivaj. Como él es el que más temprano tiene que entrar, nos puso verdes a Josep y a mí porque dizque somos unos tortugas. Mi mamá no me deja irme sin desayunar, y eso genera rayos y truenos. Vamos saliendo y a Josep lo llaman por teléfono. Más imprecaciones de Reivaj desde la puerta.

Ya en el camino, Josep tiene que comprar hojas. Creo que las nubes negras que se ciernen sobre nosotros las atraen los gruñidos de mi otro hermanito. Y cuando vamos llegando al hospital Vernaza, donde hay que dejarlo, empieza el relajo. Reivaj desparrama el contenido de su mochila por sobre todos nosotros, buscando algo.

Oh no. Gota de sudor estilo anime sobre las cabezas de tres de los presentes.

Reivaj es famoso por olvidar justo la tarea importantísima para ese día y ningún otro, el mandil cuando le toca laboratorio, el instrumental cuando le toca clínica, la nariz cuando le toca respirar. Ya mi papá con cara de resignación iba a dar media vuelta para recoger lo que sea que se le haya quedado esta vez, cuando su retoño extiende el brazo en señal de stop, y con cara de alivio. "Sí se me quedó pero ya me acordé que hoy no tenemos esa clase. Me quedo nomás".

Nadie dice nada. Josep se queda en su destino y nadie dice nada. Vamos rumbo al sur, yo con media hora de atraso, pero ya qué. Y nadie pronuncia ni una sola palabra. Hasta que me voy bajando y mi papá: "Ese hermano tuyo, ¿a quién habrá salido?"

Le hago de la mano y por que soy buena no le digo que seguramente ha olvidado que mi mamá lo estará esperando para que la lleve a alguna parte.

Thesaurus

Idealismo: Asunto que requiere tiempo y energía. Yo no tengo.

Al momento

  • Fragile Things, N. Gaiman