septiembre 02, 2005

Finis

Hoy se actualizó el último capítulo del último fanfiction que estaba leyendo. Era sobre Orgullo y Prejuicio, de Jane Austen. Sí, sí, me gusta esa novela y qué. O sea, no me gusta el giro que toma al final, aunque es una amarga muy amarga broma si se la mira desde el rinconcito donde yo me siento a leer, pero sobre todo me encantan los diálogos. No sé, casi puedes escuchar a la Juanita riéndose mientras escribía todo eso, burlándose de sus amigos, de su familia, de ella misma. ¿Qué más le quedaba? Nunca se alejó de su casa, al menos que yo sepa.

Bueno, el caso es que se acabó el fic que yo leía y cuando cerré la ventana, me di cuenta que, oh, se fue una etapa. Pasé años leyendo esas cosas, tratando de encontrar a la sucesora de Rowling. Obvio que no, pese a que hay gente que escribe muy bien, y otras que merecerían ser condenados a ser el eterno público de alguno de esos talk shows, para que se la pasaran aplaudiendo y no pudieran nunca ponerse a escribir.

(sería mejor que me callara antes de andar dándoles ideas)

Adiós a mi era fanfiction. Este era el único que me interesaba ya, en comparación con las toneladas que me mandaba hace un par de años. Harry Potter, El señor de los anillos, las de la Austen, series de anime... Nada de qué sentirse muy orgullosa pero ayudaron a pasar el rato en su momento. También consumieron tiempo en el que pude haber hecho algo provechoso, pero ya se gastó, ni para qué protestar. Fueron mi pasatiempo favorito.

Ahora creo que es este blog. Sí, caramba, es un pasatiempo. Y supongo que también lo cerraré en algún momento. No es amenaza, no ahora, claro que no, todavía queda mucha lata que inventar. Es solo que cuando ciertas aficiones están en su apogeo uno piensa que nunca les va a perder el gusto, tal como en mi etapa Salgari yo quería más que nada en el mundo ser pirata (eran los buenos, si mal no recuerdo) y pensaba que ese era el ideal que mantendría por siempre, y lo que me urgía era pasar los nueve años para no ser tan chaparra, que me dieran una de esas espadas curvas y que me aceptaran como parte de la tripulación, y ya ven cómo termina el cuento.

(pequeña pausa nostálgica)

También pensé que jamás dejarían de gustarme los Hombres G, el helado ese color turquesa con sabor a chicle, y los Thundercats. Y no es que los odie repentinamente a ellos, ni al señor Salgari, los recuerdo bien, pero ahí se quedaron. Alguien que no me acuerdo, una mujer de apellido Sayer, dijo que los libros que leímos -y yo lo amplío a todas nuestras demás fanaticadas- son como los caparazones de los cangrejos, que los vamos mudando, y que van quedando por ahí tirados como marca de lo que fuimos en tal o cual momento. Yo me lo sabía con serpientes, pero me da pena pensar en mis viejas obsesiones como pieles escamosas y muertas. En algún sitio, todavía vive la Dael que era hace quince, diez, cinco años, solo que ya no soy yo, y si me la encuentro me va a dar gusto; lo que sospecho es que a ellas les puede estar asustando pensar en que van a terminar convirtiéndose en mí.

(y tanta cosa para más de decir que se me acabó otro vicio, pero es que a estas horas sigo esperando mis páginas y en el horizonte no se ve ni un alma; aquí me engaño pensando que estoy muy ocupada)

Thesaurus

Idealismo: Asunto que requiere tiempo y energía. Yo no tengo.

Al momento

  • Fragile Things, N. Gaiman